Laura Fernández será la próxima presidenta de Costa Rica e impulsará un mandato populista establecido por su predecesor, que incluye promesas de reformas constitucionales y la suspensión de libertades civiles para combatir la delincuencia en un momento en que la violencia relacionada con las drogas está aumentando.
Su mandato abarcará de 2026 a 2030 y comenzará el próximo 8 de mayo. La oposición ha dejado en claro que «no permitirá cosas indebidas» ante la declaración de Fernández sobre que «su gobierno prepara cambios profundos e irreversibles».
Fernández, de 39 años de edad, desarrolló su carrera como asesora política y funcionaria pública en el ministerio de Planificación Nacional y Política Económica de Costa Rica, donde el actual presidente, Rodrigo Chaves, la nombró ministra en 2022.
Ferviente partidaria de Chaves, pasó a ser su jefa de gabinete antes de lanzar su propia campaña presidencial.
La diputada Pilar Cisneros, que lidera la facción del gobierno en el Congreso y es considerada una figura clave en el ascenso al poder de Chaves, dijo que un grupo de unas 10 personas cercanas al mandatario, incluido él, eligieron personalmente a Laura Fernández.
«Pocas personas conocen el Estado como ella, sabe dónde están los nudos», dijo Cisneros.
Conocida por su estilo teatral al hablar y su gusto por el baile, que a menudo mostró en los mítines de campaña, Fernández nació en Esparza, en la provincia costera de Puntarenas, y creció en la capital, San José.
Está casada, tiene una hija pequeña y es una católica conservadora con un fuerte mensaje familiar, lo que le ha ayudado a atraer el apoyo de los crecientes grupos evangélicos del país.
Ha hablado de su admiración por el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, conocido por su enfoque de mano dura contra la delincuencia y las pandillas, ha dicho que decretaría el estado de emergencia en las zonas con altos índices de criminalidad, lo que limitaría las libertades civiles.
También se ha comprometido a terminar la construcción de una prisión de alta seguridad inspirada en la megaprisión CECOT de El Salvador.
Durante la campaña, sus oponentes la acusaron de ser una «marioneta» de Chaves y cuestionaron su autonomía.
«La que va a gobernar es ella, ella será la presidenta, pero sería tonta si no muestra que tiene el respaldo de don Rodrigo. Es leal a nuestro proyecto político», afirmó Cisneros.
Flanqueada por sus seguidores en San José tras declarar su victoria, Fernández prometió una nueva era política en Costa Rica en el que el cambio será «profundo e irreversible».
«Hoy, 1 de febrero de 2026, Costa Rica ha cerrado un ciclo en su historia política. Lo que se llamó segunda República, labrada en 1948 (…) ha quedado en el pasado por la voluntad expresa del pueblo de Costa Rica. Nos toca a nosotros edificar la tercera república», agregó.
Fernández será la segunda mujer presidenta de Costa Rica después de Laura Chinchilla, que gobernó entre 2010 y 2014.
Desde que dejó el cargo, Chinchilla, ha asumido varios puestos en organizaciones internacionales y universidades y se ha convertido en una abierta opositora a los gobiernos de Venezuela y Nicaragua.
También se ha convertido en una de las críticas más abiertas del actual gobierno costarricense y su movimiento político, afirmando que sigue un guion predecible de otros líderes autoritarios de la región.





